Vanidad de vanidades, y todo es vanidad. Así reza una de las páginas más luminosas del Kempis que ha sabido rescatarla del Eclesiastés. Y así parece ser hoy nuestra tarea cuando frente a acontecimientos globales que están conmoviendo al mundo nos atrevemos a sacar este número tres de una publicación trabajada con algún esmero. Nos preguntamos: ¿no será una vanidad seguir escribiendo e investigando? En cualquier caso su salida no nos distrae de los cambios acelerados y el rugir de la guerra que nos informan los diferentes medios. El mundo está montado sobre un polvorín que ya ha estallado y que sobre esa onda expansiva aplica cada vez más el poder de las tinieblas: discursos, anuncios y reacciones que no entrarían ni en las fantasías más irreales. Nuestra labor traduce muchas horas de estudio y trabajo. A contramano del escenario al que estamos acostumbrados, el de la rapidez del mensaje y la divulgación expandida por redes y medios que no permiten los espacios de reflexión, nos at...
Se habla en estos días de una batalla cultural, en nuestro país de manera frontal, y en lo global en casos particulares. Una supuesta lucha donde entre dos bandos se nos invita a la elección de uno de ellos. De un lado estarían las fuerzas del mal: comunismo, progresismo, género. Del otro las fuerzas… ¿del bien?: sincretistas, materialistas, individualistas. Las etiquetas que hemos elegido para señalarlos podrían multiplicarse, pero vayan las mismas como una espeluznante muestra del oprobio que es hablar de batalla cultural cuando todas ellas forman a filas en un mismo ejército: el de la cultura de la muerte, el del siniestro progresismo y el nuevo ordenamiento global. No hay pues tal batalla, ni tal guerra, lo que hay es una simple lucha de facciones, que distrae, desorienta y es hábil circo para llevarse a filas a almas que bien podrían servir en las tropas que esperan su tiempo y que reparten sus pobres recursos como pueden. Tropas que día a día dan cátedra, escriben libr...