Vanidad de vanidades, y todo es vanidad. Así reza una de las páginas más luminosas del Kempis que ha sabido rescatarla del Eclesiastés. Y así parece ser hoy nuestra tarea cuando frente a acontecimientos globales que están conmoviendo al mundo nos atrevemos a sacar este número tres de una publicación trabajada con algún esmero. Nos preguntamos: ¿no será una vanidad seguir escribiendo e investigando? En cualquier caso su salida no nos distrae de los cambios acelerados y el rugir de la guerra que nos informan los diferentes medios. El mundo está montado sobre un polvorín que ya ha estallado y que sobre esa onda expansiva aplica cada vez más el poder de las tinieblas: discursos, anuncios y reacciones que no entrarían ni en las fantasías más irreales. Nuestra labor traduce muchas horas de estudio y trabajo. A contramano del escenario al que estamos acostumbrados, el de la rapidez del mensaje y la divulgación expandida por redes y medios que no permiten los espacios de reflexión, nos at...
Se habla de un tiempo a esta parte, años, la cuestión de una memoria completa. Algunos distinguen entre Memoria e Historia, la una se perdería y la otra ofrecería mayor sustento por una simple obligación metódica ligada a su seriedad como disciplina científica. Lo cierto es que si la memoria no es completa, es selectiva, parcial. Esta memoria parcializada tiene relación también con la olvidada costumbre de ofrecer pasión y entrega a lo que se hace. En otras palabras, consagrar la vida en pos de ideales considerados como nobles e innegociables. Las generaciones que se van sucediendo entre lo digital y lo inteligente van perdiendo absoluta relación con lo inmediatamente pasado, haciéndose esta distancia cada vez más corta en la medición pero más lejana en la percepción especialmente de los jóvenes. Un suceso de hace tan sólo un siglo es para ellos lo que para los “viejos” era antes un milenio. Así se va desarrollando casi de manera imperceptible un auténtico sen...