No hay pues tal batalla, ni tal guerra, lo que hay es una simple lucha de facciones, que distrae, desorienta y es hábil circo para llevarse a filas a almas que bien podrían servir en las tropas que esperan su tiempo y que reparten sus pobres recursos como pueden. Tropas que día a día dan cátedra, escriben libros, revistas y planifican con sabia bibliografía sus horas de clase; desde medios virtuales y de primer orden tecnológico hasta manuscritos para seleccionar el párrafo encontrado como un diamante en el desierto. Hemos visto esta lucha silenciosa en jóvenes de primeras letras, en sus músicas, en sus lecturas, en su arte particular, en sus elecciones y en su apego por algo que cada vez suena más a nuevo y bello: la tradición.
Hay para estas fuerzas silenciosas dos alicientes no menores. La gracia divina que jamás deja a sus soldados en la soledad del mundo y el camino que otros han trazado desde antiguo como sendero seguro, compacto, fuerte. Por eso esta modesta revista quiere ser parte de esas fuerzas que siguen la auténtica batalla de siempre, la que reivindica la existencia de una verdad, que debe buscársela, y encontrándola, defendérsela a capa y espada. Y para ello, como San Benito desde la cueva del Subiaco, ora et labora.
H.M.C.
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