Vanidad de vanidades, y todo es vanidad. Así reza una de las páginas más luminosas del Kempis que ha sabido rescatarla del Eclesiastés. Y así parece ser hoy nuestra tarea cuando frente a acontecimientos globales que están conmoviendo al mundo nos atrevemos a sacar este número tres de una publicación trabajada con algún esmero. Nos preguntamos: ¿no será una vanidad seguir escribiendo e investigando? En cualquier caso su salida no nos distrae de los cambios acelerados y el rugir de la guerra que nos informan los diferentes medios. El mundo está montado sobre un polvorín que ya ha estallado y que sobre esa onda expansiva aplica cada vez más el poder de las tinieblas: discursos, anuncios y reacciones que no entrarían ni en las fantasías más irreales. Nuestra labor traduce muchas horas de estudio y trabajo. A contramano del escenario al que estamos acostumbrados, el de la rapidez del mensaje y la divulgación expandida por redes y medios que no permiten los espacios de reflexión, nos at...